El crecimiento con el único fin del crecimiento es la ideología de una célula cancerígena.
Edward Abbey

Mientras nos avalanzamos hacia una destrucción sistemática del medio, y el planeta sufre una degradación sin precedentes, el perfeccionamiento tecnológico sigue considerándose como algo incuestionable y necesario para el desarrollo de la humanidad.

Más allá del desastre, los nuevos dioses de la Ciencia, la Tecnología y el Progreso continúan su desarrollo implacable sin casi encontrar voces de resistencia. Y en todo caso, la crítica no sobrepasa nunca la problemática de la mera gestión técnica, haciéndonos olvidar lo más esencial: que la dominación tecnológica no significa únicamente un problema de recursos, sino la modelación de la sociedad y los individuos bajo los principios de la efectividad y el beneficio: nuestro único rol en la sociedad actual es el de hacer funcionar todos los mecanismos del aparato tecnológico, y somos movilizados permanentemente en aras de la productividad.

A la vez que somos día a día arrastrados a seguir el ritmo convulsivo de la maquinaria capitalista, la vida misma se ve empobrecida al ser reducida a los principios de eficacia tecnológica. Los únicos fines que perseguimos son aguantar en la carrera hacia las casas prefabricadas y los unifamiliares construidos en serie, los coches, los electrodomésticos, etc; en fin, felices en la cultura de la atomización y sobreviviendo en espacios planificados para producir y consumir con el sosiego de mantenernos vivos a base de unos alimentos cuyo código de barras nos avisa de la degradación controlada... estemos tranquilos.
Ante el avance cada vez más veloz de los instrumentos de dominación tecnológica (la industria militar, la manipulación genética, la comunicación desenfrenada), el futuro se nos presenta como si se tratase de una película de ciencia ficción: una vacía e infinita carretera de información que no comunica nada que no sea la muerte.

¿Qué herramientas nos quedan para combatir su dominio? Estas jornadas se plantean con la finalidad de reflexionar sobre esta pregunta, buscar perspectivas y conocer las resistencias que nos ha dejado la historia para tratar de inventar otras nuevas.

Sin duda alguna, necesitaremos de una nueva conjura.


La Megamáquina [Lewis Mumford]