Oscar Sánchez Fernández de la Vega (google)
Desde la otra orilla del Río Leteo, el argentino ameniza con una milonga a un mundo que bosteza y desespera. El día, como siempre, amanece sofocante y embadurnado con su ocre metalúrgico.
A los monos desnudos nos continúa creciendo el pelo (a ciertos espabilados del Foro les crece algo más), mientras que con una lentitud inexorable la Tierra continuaba saliéndose de su órbita y lo que aún es peor : su eje se desplazaba peligrosamente.
La poesía del movimiento ya no crea ilusión y la respuesta ya no esta en el viento, porque su sombra ya no se ve sobre la hierba.
Entregamos nuestra libertad a cambio de seguridad y lo que recibimos fue engaños, enfermedades, transgénicos, contaminación, hedor, la sustitución del mundo fetal por el mundo fecal, tumores cerebrales y anales generalizados, el ir de algo cuando lo elegante era no ir de nada, más petróleo, ¡maldito petróleo! ¿quién decía que se había acabado? ¡Ojalá hubiese sido cierto!. Había en Siberia y China suficiente petróleo para chamuscar a mil planetas más.
¿Y que me dicen de la tan manida productividad? Había que innovar para vender más, ganar más, producir más, a mejores precios y con más variedad, para volver a vender más, y ganar más, y producir más, y vender más, y más y más y más. ¿El viaje? : a ninguna parte. Los valores económicos no eran los únicos y universales y el consumo insaciable y absurdo menos. El progreso no solo no era el porvenir sino que era el regreso a la nada. La segunda modernidad y el nuevo humanismo : una carallada. ¿Los asiáticos? : son inocentes. Nadie les había explicado que el consumo de papel higiénico y las adicciones obsesivo compulsivas occidentales al consumo perverso e imbecil, por inútil eran prácticas con riesgo.
Por fin , las suturas transversales comienzan a abrirse y el fuego penetra y abrasa aquel lugar. Entre sus piernas, una de ellas de palo, se libera el esperado oxigeno purificador, ese bienvenido estrato, que nos hacen olvidar que el hielo y la fertilidad pertenecen al pasado.
Desde mi ventana. que hoy más que nunca, supura apestosas y variadas sustancias químicas, se puede ver como el Sol sangra como un recto roto.
A medida que sube el termómetro, el mundo se desdibuja y en la periferia las venas están todas varicosas. Pero a ellos ¿qué coño les importa?. Los epicentros: a buen recaudo, los desagües generales continúan funcionando, las esclusas están dispuestas, y en definitiva no existe temor alguno a que se interrumpa el tránsito.
> Al mediodía, con puntualidad plomiza, el poder democrático-cibernético elegido el 42 de LIRBA de año 84 d. DC (2.084 d. J.C) por la gracia de la coalición del partidos poderofrénicos y partidos mesiánicos, desde las grandes explanadas de piedra, construidas después de la demolición de las catedrales, conmina a la blandomasa a asumir, sin condiciones, las normas establecidas y que paradójicamente ya nadie duda en aceptar como actos paradigmáticos, excepto cuatro jodidos fracasados a los que nos gusta el aceite de ricino y que de vez en cuando nos pongan debajo del culo un buen mazo de bombas de palenque para lanzarnos a la oscuridad fecal.
Cae la tarde y las nubes siempre enjabonadas, van cerrando el paso al Sol. Entonces , nos soltarán la espesa niebla que lo embadurna todo. Un sudor fétido nos taponará los poros y segundos después sentiremos un impulso reactivo, un éxtasis, un frenesí atómico. Ese es el alimento.
Las secuelas físicas del fenómeno no son importantes de momento: fístulas en las salidas principales, varicosidades, granulomas piogénicos y sobre todo pelos negros y gruesos en la cara y plantas de los pies y manos, y además a las mujeres se les sombrea el bigote, una situación que de momento no les resta belleza y curiosamente si les da cierta sensualidad.
Los espíritus ávidos y desesperados interpretarán la sinfonía de los resuellos roncos y un clavo más apuntalará el ataúd de las emociones.
Después de dormir unas pocas horas, ya muy entrada la noche, podemos salir a pasear. A dos manzanas de mi residencia, después de renovar mi cartilla de racionamiento, me entero que Celestino Fernández de la Vega, hombre entero y sabio, había sido víctima de su propia lógica. Su vida la había puesto en manos del Río Miño, una ardiente mañana del mes de OYAM.
Celestino había descubierto cuatro cosas muy importantes: la diferencia entre humor y comicidad, que el humor lo habían inventado los españoles, con Cervantes a la cabeza y que por lo tanto Unamuno no tenía ni puta idea, y que Priciliano estaba enterrado en Santa Eulalia de Bóveda (Lugo). Su lógica era tan aplastante, la arquitectura de sus razonamientos tan brillante ,que en muy pocas ocasiones sus previsiones se cumplían. Había descubierto el humor pero su lógica no le permitía saberlo. Cuando España (estado-nación desaparecido en el 42 d.DC-2.044 d J.C)) estaba totalmente embrutecida por las secuelas de la dictadura del General Franco, se le ocurrió traducir el “Ser y el Tiempo “ de Martín Heidegger al gallego. Los españoles prácticamente ni lo conocían (al castellano se tradujo muchos años después). El Río Miño había sentenciado que el tiempo debería acabar con el ser. En cualquier caso, me consta que Celestino está bien. Aún hablé ayer con el. Está de gallo en Madagascar y muy contento por cierto, según comentó.
El argentino terminó la milonga y antes dar la vara con la siguiente , me dice que quiere hablar conmigo Louis Philippe.
Louis Philippe me recrimina, porque entiende que estoy confundiendo al lector, ya que esta lejos la noche en que se acabará todo. Por lo visto, las mandíbulas que se han cerrado aún no son suficientes y las carnes que nos cuelgan aún no son masticables.
El argentino echa leña al fuego. Con indignación me dice que es falso que la vida sea un gran intestino que nos digiere a todos y que finalmente nos escupe a la oscuridad fecal.
Saco mi ojo de vidrio, le suelto un escupitajo, lo limpio con la gamuza azul que compré en Memphis. A la luz de la luna lo deposito en la cajita de estaño, mediada de agua y que me regaló Federico. Dejo las antiparras en la mesa y me dejo caer sobre mis médulas de polvo enamorado, y después de cerrar mi ojo, me pregunto: ¿qué vas a esperar de dos perdedores, que están muertos como todos nosotros, y que encima el argentino aun no se enteró que capotó el avión en que viajaba?.
Millares de calaveras me hacen muecas de aprobación. Todas ellas saben que, al final, nadie burla a la desgracia; que la llevas detrás, pero siempre en los últimos metros te adelanta y te gana. No se salvan, ni aquellos que nos torturan con sus alocuciones desde las grandes explanadas de piedra, de las que jamás sale una verdad y si mucho permanganato palanganero
