10 formas de salvar a un delincuente corporativo cuando éste es una empresa
por Russell Mokhiber y Robert Weissman

Buenos días, señor Directivo.
¿Qué sostiene en la mano?
Vaya, si es una citación del Departamento de Justicia.
Sí, ciertamente, parece que la corporación anduvo metida en prácticas seriamente criminales.
Es verdad que, si resulta condenada por un delito, la corporación se enfrenta a graves consecuencias colaterales: podría perder importantes contratos con la Administración, podría enfrentarse a publicidad embarazosa, podría verse obligada a abandonar los negocios.
¿Recuerdan Arthur Andersen?
Pero no, incluso aunque la corporación anduviera metida en conductas delictivas, no es nada seguro de que vaya a ser condenada por haber cometido un delito.
Si Uds. me contratan, tengo un manual con 10 superguiones para salvar a cualquier gran corporación de la muerte corporativa derivada de una condena criminal.
¿Quieren contratarme?
Aquí tienen mi minuta.
Cálmense.
Siéntense. Siéntense.
Saldrá del patrimonio de la corporación.
Es dinero de los accionistas.
Relájense.
Okay. Vamos a abrir el libro.


1.- A los fiscales no les gusta la pena de muerte para una corporación.
Si la corporación es condenada por un delito grave, existe la posibilidad de que se vea forzada a abandonar los negocios, ya que el gobierno podría dejar de hacer negocios con ella y la publicidad adversa podría destruir sus fundamentos. En el caso de Arthur Andersen, la pregunta era: ¿Quién querría contratar a una empresa auditora condenada por obstrucción a la justicia?

Respuesta: nadie. De esta forma, se ha creado la idea de que la condena por un delito, en especial para las compañías de determinados sectores empresariales, es equivalente a la pena de muerte. A los fiscales, en especial a los que tienen ambiciones políticas, incluso los que defienden la pena de muerte para las personas, no les gusta la pena de muerte para las corporaciones.

2.- Limpieza de archivos.
Todas las grandes corporaciones tienen políticas de retención de documentos. Pero, como le decía recientemente un directivo a un confidente del FBI, "no tienes que entregar al gobierno documentos que no tienes. ¿Entienden?"

3.- Salvar a la empresa, sacrificar a las personas.
Si la corporación me contrata, empezaremos a colaborar con el gobierno de inmediato. Entregaremos toda la documentación y a los directivos involucrados en la actividad delictiva. Siempre que el gobierno obtenga algún que otro chivo expiatorio es bastante improbable que intente inculpar a la corporación como tal. Ellos van a la cárcel y nosotros seguimos con el negocio.

Es un bonito trato, ¿no?

4.- Conseguir un acuerdo de no-inculpación.
Cada vez son más populares. Si entregamos a los directivos y declaramos voluntariamente, el gobierno probablemente consentirá en llegar a un acuerdo por el cual nosotros realizamos una declaración sobre lo que pasó, cooperamos en la indagación de las conductas individuales. Ni admitimos ni negamos las malas prácticas y, si no nos metemos en líos durante un par de años, el gobierno no abrirá expediente penal alguno contra la compañía.

5.- Conseguir un aplazamiento de la inculpación.
Si no podemos conseguir un acuerdo de no-inculpación, podemos obtener un acuerdo de aplazamiento de la inculpación. Es la segunda mejor opción. Con este tipo de acuerdo, el gobierno abre un expediente penal contra la compañía, pero si nos mantenemos limpios durante un par de años, los cargos quedarán sobreseídos. Según mis cálculos, más de 10 grandes corporaciones han conseguido este tipo de trato en los últimos meses.

6.- Ofrecer una filial menor.
Si el gobierno exige que alguna entidad jurídica sea declarada culpable, podemos ofrecer una unidad insignificante que pueda ser eliminada del negocio después de la imputación. Las grandes corporaciones lo hacen de continuo. Esto salva a la compañía matriz de las consecuencias colaterales de una sentencia de culpabilidad. Bonito, ¿no?

7.- No admitir ni negar nada.
A diferencia de los delitos callejeros, hay muchas formas de resolver las causas penales corporativas. Podemos alegar que sólo deberían presentarse cargos de carácter civil, que las sanciones deberían ser impuestas por un organismo administrativo en lugar del Departamento de Justicia. Una vez en los tribunales civiles, podemos solucionar el expediente con una cláusula de "no admitir ni negar nada". De esta forma, no hay que admitir ninguna mala práctica.

8.- Aplicar presiones políticas sobre el fiscal, para que retire los cargos.
Cualquier fiscal al que interpele negará que esto ocurra jamás. Pero ocurre. Recientemente se informó de que una turbia causa penal de Medicare contra una corporación hospitalaria fue sobreseída debido a presiones políticas. El caso ha armado un revuelo tremendo, pero sólo porque llegó a los medios de comunicación. Hay sin duda formas de acceder a los fiscales.

9.- Elegir políticos blandos con los delitos empresariales.
En el derecho, como en los negocios, Uds. obtienen en la medida en que pagan. Inviertan mucho en política. Hagan que sus directivos contribuyan a las campañas electorales locales, estatales y nacionales. Pero, en último extremo, los políticos - y muchos fiscales lo son - saben bien quién les paga el pan.

10.- Enterrar la historia.
A principios de este mes, una unidad menor (v. número 6) del gigante multinacional Novartis se declaró culpable de nueve delitos en un procedimiento por fraude en Illinois. El Departamento de Justicia no emitió ningún comunicado para la prensa nacional. Sólo dos reporteros, de Bloomberg y del St. Louis Post Dispatch, escribieron sobre ello el día en que fue anunciado.

Las alegaciones recibieron muy poca publicidad nacional. En otra importante demanda por fraude, Health South Corporation, el mayor proveedor nacional de servicios médicos de rehabilitación, pagó 325 millones de dólares como compensación ante la acusación de que la compañía había estafado a Medicare y a otros programas federales de salud pública. La causa fue dada a conocer por el Departamento de Justicia el 30 de diciembre de 2004 - precisamente durante un período vacacional -y, de resultas, recibió muy poca atención por parte de la prensa nacional.

De forma que, Sr. Directivo, no se preocupe.

Nosotros tenemos el manual.

Nosotros tenemos los guiones.

En el mundo de la justicia, como en la vida, Uds. obtienen en la medida en que pagan.

Russell Mokhiber es editor del Corporate Crime Reporter (Gaceta del Crimen Corporativo) de Washington, D.C. y Robert Weissman es editor del Multinational Monitor, con sede también en Washington, D.C. Mokhiber y Weissman son autores de "On the Rampage: Corporate Predators and the Destruction of Democracy", Monroe, Maine, Common Courage Press (En el Candelero: Depredadores Corporativos y la Destrucción de la Democracia).